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En su libro, “La era postmedia “, José Luis Brea dice: “La tecnología definitivamente, es el destino”. Esta escalofriante frase, pues francamente pensamos e imaginamos la tecnología como un medio, no como un fin, resulta sumamente ilustrativa cuando nos acercamos a la propuesta de Oscar Figueroa .Brea argumenta que todas las épocas del hombre vienen signadas por los adelantos e invenciones tecnológicas, y la verdad es que es difícil oponerse a sus puntos de vista .Baste con convenir en que el descubrimiento del bronce, y el avance tecnológico que implicó, fue tan poderoso que hoy en día conocemos esa época de la humanidad como La Edad del Bronce.

Que impacto entonces tiene el arribo masivo de invenciones tecnológicas que se suceden no cada 2000 años ( la edad del bronce surgió en diferentes momentos históricos, datando los más antiguos del año 3000 AC y los más recientes del 1800) sino cada 10 años ?Una avalancha de cambios a nivel práctico sin duda, pero también a nivel simbólico. Costa Rica dependió por más de 150 años del café, la caña de azúcar y el banano para asentar los cimientos de su economía. La nuestra fue una sociedad eminentemente agrícola, sobre la base de la cual se desarrolló mucho de nuestra identidad.

Por ejemplo; derivamos de las labores agrícolas estrofas de nuestro Himno Nacional (labriegos sencillos) o las imágenes que nos representaban hace 100 años (la pintura de Villa en el Teatro Nacional y subsecuentemente, el billete de 5 colones que adoptó un segmento de aquella escena como leit motiv)
Fast Forward Costa Rica siglo XXI. Hace ya casi 20 años, Costa Rica empezó a depender más del turismo y de la maquila de alta tecnología que de los productos agrícolas. Aquí justamente se afincan Figueroa y su propuesta: su obra actual mira -no sin cierta nostalgia pero sobretodo con humor e ironía- el relevo de aquéllos símbolos que nos “identificaron” y propone al menos, una revisión de los mismos.

Figueroa produce hibridizaciones, alteraciones y transmutaciones de unos productos en otros. Si antaño el pilón era el símbolo por excelencia de la cosecha de café y su producción, ahora entonces machaquemos teclas de ordenadores en el mismo…aunque el resultado sea solamente desperdicio plástico y sin ninguna utilidad. Muchas de las obras de Oscar parecieran cuestionar abiertamente las ventajas de habernos pasado a la maquilación de bienes high tec, y si verdaderamente esto va a funcionar como un equivalente: una transición dolorosa pero necesaria. Figueroa manifiesta con sus obras serias dudas al respecto.

De otro lado, y como artista joven que es y consumidor de tecnología, Oscar Figueroa no la sataniza pero si la ironiza y cuestiona: faltando bananos… ¿podremos comernos a mordiscos una tarjeta de circuitos? ¿Ha sido el cambio de una economía de postres a una economía de maquila realmente beneficioso? Con innegable elegancia, aliento poético y gran inventiva; Figueroa aparece dentro de una nueva hornada de artistas conceptuales cuya obra mira con distancia y recelo todo este nuevo orden de cosas.

Joaquín Rodríguez del Paso. Junio 2011.