Este video registra una acción que realicé en un beneficio de café en Heredia, Costa Rica, una región marcada por la historia del cultivo, secado y exportación del “grano de oro”. La intervención ocurrió en uno de los patios destinados al secado del café, ese espacio donde normalmente se esparce y se remueve el grano para reducir su humedad. En mi acción, repetí ese procedimiento agrícola, pero utilizando aproximadamente cien mil teclas de computadora en lugar del café.
Al sustituir el café por restos tecnológicos, confronto dos economías que han definido distintas etapas del país: la agrícola y la digital. Las teclas —fragmentos del lenguaje informático y residuos de una industria basada en el desecho— funcionan aquí como un tipo de cosecha que se acumula. Esa fricción me interesa: la manera en que un material tecnológico, al ser retirado de su función original, se comporta como cualquier residuo físico.
Durante seis horas ejecuté el gesto tradicional del beneficiado: extender, mover, “orejear” el material, lidiando con su fragilidad y resistencia. Mi práctica implica desplazar, ordenar y manipular grandes cantidades de objetos, de manera que este esfuerzo físico es natural de mi proceso. El gesto de acumular también atraviesa mi trabajo. No me interesa solo como concepto, sino como método: juntar, cargar, reorganizar y trasladar grandes volúmenes modifica mi relación con los materiales.
Aunque la acción dialogue con economías tecnológicas, lo hago desde una tecnología mínima, desarmada, casi artesanal. Me interesa lo low-tech de estas teclas sueltas: restos simples que se pueden manipular a mano, que requieren trabajo físico y que vuelven a insertarse en un entorno que no les pertenece.
En el montaje de sala, el video funciona como archivo frente a los sacos de yute llenos de teclas y derramadas en el piso.