“Boletos” es una acción que matute desde finales del 2010. Llevé más de una década interviniendo cada moneda de Costa Rica que llega a mis manos con un golpe de martillo y troqueles de letras que estampabann la palabra INTEL sobre el escudo nacional. Esa duración prolongada —sostenida en la persistencia y en una cierta obstinación— formó parte de la intención de esta propuesta. Ese golpe, aunque sencillo, siempre trata de señalar una carga política: apropiarme por un instante del gesto de acuñar, un gesto históricamente reservado al Estado y hoy cada vez más desplazado por intereses privados.
Después de intervenir la moneda, la devolvía nuevamente a la circulación, y esa decisión apunta a algo central: la pieza sale del museo y entra otra vez en la economía diaria. La intervención no queda contenida ni resguardada; vuelve a desplazarse entre manos desconocidas, sin anuncio y sin explicación. Esa circulación discreta abre una duda que me interesa: cuánto puede sostenerse la confianza en el valor cuando una superficie oficial puede ser modificada y seguir funcionando sin interrupción.
El trabajo se sostiene sobre un antecedente histórico: los boletos que los cafetaleros utilizaron en el siglo XIX para suplir la falta de moneda oficial. Eran fichas privadas que llevaban el nombre de la finca o su dueño; cuando la propiedad cambiaba, se sobreestampaban las nuevas iniciales encima de las anteriores. Ese mecanismo —una marca privada que determina el valor— nunca desapareció del todo. En esta intervención, ese gesto reaparece desplazado: ya no es un hacendado el que marca su dominio, sino una corporación tecnológica inscrita sobre el dinero del Estado. Las monedas intervenidas vuelven al espacio público con otra historia encima, cargando el desfase entre valor de uso, valor simbólico y valor real.
También aparece la fricción legal. Marcar una moneda es técnicamente ilegal, y aun así esta propuesta insiste en ese borde; como un intento de señalar una tensión histórica: la moneda funciona como símbolo nacional al mismo tiempo que permite la entrada de otras marcas que avanzan sin permiso.