Cogida


Teclas de computadora, canastos de café, sacos de yute, pintura acrílica para exteriores y café molido como aromatizante. (2007)


Esta pieza de 2007, titulada “COGIDA”, simula la decoración típica que se utiliza en ciertos espacios de Costa Rica, donde se exhiben canastos y sacos de yute llenos de café seco como emblema identitario. Aquí sustituyo el “grano de oro” por teclas de computadora, desplazando el imaginario agrícola hacia uno tecnológico y señalando cómo las narrativas del trabajo cambian mientras las relaciones de poder permanecen.

La referencia directa a la acción de coger café se cruza con la frase popular “nos cogieron”, articulando un doble sentido que expone una economía donde siempre se recoge algo —datos, horas de trabajo, métricas, clics— pero casi nunca para beneficio de quien hace la labor. 

El uso de teclas reales, sacos y canastos introduce una presencia física inmediata: peso, ruido al caer, fricción, acumulación. Pero es la acumulación material la que trata de activar la lectura. Las teclas derramadas por el suelo, desbordando los contenedores y expandiéndose hasta ocupar la esquina completa, operan como índice de una nueva forma de exceso: la sobreproducción de información, el flujo interminable de datos, la basura digital que se acumula sin que nadie la recoja. No son granos ordenados en un canasto, sino restos dispersos que no terminan de significar del todo, fragmentos de un sistema que produce más de lo que puede contener.

Mientras la economía digital promete eficiencia y modernidad, su impacto se parece más a un reguero incontrolado donde cada tecla —cada fragmento— remite a un trabajo distribuido, invisible y atomizado. Es el mismo gesto de la cosecha, pero sin campo, sin estación, sin límite, y con una consecuencia evidente: si antes se “cogía café”, ahora lo que se “coge” son datos, interacciones, contenidos, y, en última instancia, a las personas mismas dentro de un entramado productivo que las desborda.