El título de esta propuesta, The Most Beautiful Bill, proviene del Museo del Banco Central, donde el billete costarricense de cinco colones aparece descrito de esa manera y presentado explícitamente en inglés, porque —según la institución— recibió ese reconocimiento internacional. Ese calificativo de “belleza” me interesa porque fija una imagen oficial de la economía bananera que omite su costo humano y expone la paradoja entre el valor simbólico que se celebra y el valor real que se silencia.
Trabajo directamente sobre ese billete, del que extraigo la figura del cargador portuario vinculada a la representación del banano. Esa figura, encargada de sostener físicamente la economía exportadora, aparece en el billete convertida en icono idealizado; una inversión irónica donde el valor simbólico supera al valor real, y donde el valor de cambio del billete neutraliza el valor de uso del cuerpo trabajador. La retiro de la composición y, a partir de ella, recorto quinientas réplicas tomadas de otros billetes. Cada recorte es manual, repetitivo y deliberado; un procedimiento que busca señalar la forma en que el sistema económico transformó a estos trabajadores en unidades intercambiables y cómo la lógica del intercambio monetario redefine, reduce o anula su valor real.
Las figuras recortadas simulan caer una tras otra dentro de la caja expositiva desde el billete, hasta acumularse en el fondo. Ninguna vuelve a su lugar en la imagen original. Esa caída marca un desplazamiento irreversible: la acumulación funciona como evidencia visual de una economía que produce cuerpos descartados mientras preserva intacta la estética del símbolo monetario y, al mismo tiempo, se convierte en un método recurrente en mi práctica: una operación usada irónicamente para enfatizar la discrepancia entre valor de cambio y valor de uso, entre valor real y valor simbólico.
