Los dibujos representan estructuras ferroviarias de Panamá y Costa Rica (2014) y se basan en el relato de Robert Tomes, A Trip on the Panama Railroad, publicado en Harper’s Monthly Magazine en 1855. En ese texto, Tomes describe las condiciones extremas —prácticamente de esclavitud— en las que trabajaban los obreros chinos contratados para la construcción del ferrocarril. Relata episodios de desesperación colectiva y menciona que algunos trabajadores recurrieron al suicidio, colgándose de los árboles con su propia trenza, un gesto en el que el cuerpo se convierte en el último acto de resistencia frente a un sistema que lo redujo a mera fuerza de trabajo.
El ferrocarril, tanto en Panamá como en Costa Rica, funcionó como infraestructura clave del capitalismo extractivo decimonónico: una obra destinada a agilizar el tránsito interoceánico y la circulación de mercancías hacia los mercados globales, levantada sobre la vida precaria de trabajadores migrantes racializados; configurando un mapa laboral donde la técnica se erige sobre jerarquías raciales y cuerpos descartables.
Los dibujos retoman estas estructuras como espacios que condensan esa historia de explotación. La rigidez geométrica del acero contrasta con la presencia de líneas orgánicas de los cabellos, que funcionan como rastros, sombras o memorias insistentes de los cuerpos ausentes. Estos elementos orgánicos interrumpen la lógica industrial de las construcciones, introduciendo fragilidad en una estructura concebida para la fuerza y la eficiencia.
La elección de representar puentes y rieles subraya la ambivalencia de estas construcciones: fueron vías de progreso prometido, pero también fronteras, mecanismos de control y espacios donde la vida humana era tratada como un recurso reemplazable. En conjunto, los dibujos tratan de señalar qué, mientras las estructuras permanecen, los cuerpos que las levantaron quedan en los márgenes de la historia, visibles solo como restos, líneas o ruido que insiste en no desaparecer.
2014











