Fine (penalty)


Moneda aplastada por ferrocarril, en colaboración con Mauricio Esquivel. 2015.

Moneda aplastada por ferrocarril, realizada en colaboración con Mauricio Esquivel (2015), parte de un testimonio oral según el cual, en el siglo XIX, a las personas negras en Costa Rica se les imponía una multa de un colón por hablar inglés. Según registros de inicios del siglo XX, el salario diario de un peón rondaba ese mismo monto, mientras que la legislación de 1933 fijó en un colón el jornal mínimo permitido; es decir, la multa equivalía aproximadamente a un día completo de trabajo para un trabajador no calificado. No se sabe con exactitud para el periodo exacto del testimonio, pero todo indica que no se trataba de una cantidad simbólica, sino de un castigo económicamente pesado. Es precisamente en esta equivalencia donde se vuelve visible el juego entre valor de uso, valor de cambio, valor simbólico y valor real: el colón funcionaba como unidad de intercambio económico (valor de cambio), pero también como herramienta disciplinaria cuyo “valor real” recaía en la pérdida efectiva de un día de sustento; su “valor de uso” no era únicamente monetario, sino coercitivo; y su “valor simbólico” operaba como recordatorio del lugar social asignado a quienes hablaban inglés en un régimen racializado.

La propuesta utiliza dos elementos: la moneda y el ferrocarril. La moneda, colocada en la vía y aplastada por el tren, se convierte en una lámina deformada donde la inscripción del valor desaparece. Este aplanamiento físico dialoga con el aplastamiento simbólico que implicaba castigar el uso del inglés, lengua propia de las comunidades afrocaribeñas asentadas en Limón desde finales del siglo XIX. En ese gesto, el valor de cambio de la moneda se anula, su valor de uso se desplaza hacia la denuncia, su valor real queda reducido a un metal sin capacidad adquisitiva, y su valor simbólico, la marca de la sanción y la desigualdad, se intensifica en la deformación misma.

La elección del tren es debido a que fue la infraestructura que articuló la economía del enclave bananero, organizada por Minor Keith y la United Fruit Company, una estructura que produjo jerarquías raciales, laborales y lingüísticas: quién podía hablar qué, en qué espacios y bajo qué amenaza. La moneda aplastada se vuelve así un punto de contacto entre violencia material y violencia cultural dentro del mismo sistema. La infraestructura encarna aquí otro cruce de valores: el ferrocarril tuvo un enorme valor de uso (mover mercancía, disciplinar cuerpos laborales), un valor de cambio ligado a las ganancias del enclave, y un valor simbólico asociado al progreso, aunque su valor real, sus efectos concretos en las vidas afrocaribeñas, revelara una historia de imposición y desigualdad.

El díptico —ferrocarril como fuerza política y moneda como cuerpo disciplinado— pretende revelar la relación entre movilidad, control y castigo. La multa por hablar inglés operaba como mecanismo para regular no solo el trabajo, sino la identidad misma, convirtiendo la lengua en terreno de vigilancia. Es ahí donde el sistema de valores opera con toda su crudeza: la lengua pierde su valor de uso como herramienta comunitaria, su valor real queda sometido a la amenaza económica, y su valor simbólico es torcido por el castigo.

Expuesta como un fragmento minúsculo en una superficie amplia, la pieza incorpora también el silencio; un objeto casi desaparecido que habla de una memoria que ha sido, históricamente, reducida, minimizada o aplanada. La escala de la presentación busca subrayar esa vulnerabilidad. En esta reducción extrema se trata de potenciar el valor simbólico como rastro de una violencia que, pese a haber sido aplanada, sigue insistiendo.


Coin crushed by railway, 2015.
In collaboration with Mauricio Esquivel.

Proposal based on an oral testimony which states that in the 19th century, blacks in Costa Rica were charged a fine of one colon for speaking English.