Esta obra parte de una frase recogida por Carl Bovallius —naturalista y viajero sueco que documentó Centroamérica desde una mirada abiertamente colonial en la década de 1880. En uno de sus relatos afirma: “…under each sleeper rests the body of a Chinese”. La propuesta responde directamente a esa afirmación: un durmiente tallado hasta adoptar la forma de un fémur humano forzando una relación directa entre el soporte del ferrocarril y los cuerpos que lo hicieron posible.
El gesto trata de ser un recordatorio de la mano de obra precarizada —chinos, jamaiquinos, italianos y centroamericanos— que, durante la construcción del ferrocarril al Atlántico (1879–1881), fue tratada como un recurso desechable. En el caso costarricense, cientos de trabajadores chinos fueron reclutados para los tramos más difíciles del tendido, con altas tasas de mortalidad e inexistencia de protección laboral. Tallar el durmiente como un fémur humano busca exponer que la infraestructura ferroviaria no se levantó únicamente sobre madera, hierro y capital, sino sobre la erosión acumulada de cuerpos anónimos, invisibilizados en los relatos oficiales, aquello que permitió el avance del progreso fue precisamente lo que quedó desgastado bajo su peso.



